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Viernes, Abril 10, 2020
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Técnica Straight Wire Low Friction (SWLF) (Parte 4)

El concepto de SINERGIA , esto es, que unos aparatos potencien la acción y efectividad de otros cuando se utilizan simultáneamente, es muy importante en nuestra filosofía, ya que creemos que la máxima eficiencia biomecánica ( en tiempo y rentabilidad económica) la obtenemos cuando los aparatos fijos (bracket Sinergy y alambres termoelásticos, de beta III Titanio,etc ), removibles, funcionales y ortopédicos ( Ortoflex Clase II y III, Regulador de Función de Frankel modificado, Liberty-Bielle, etc.) se usan de manera simultánea.

Otro elemento diferenciador de la Técnica SWLF es la combinación simultánea, en la misma fase del tratamiento, de aparatos fijos y funcionales (sean fijos o removibles) con el objetivo de hacer coincidir, en especial en las Clases II, la fase ortodóncica y ortopédica. Cada vez conocemos más sobre el efecto beneficioso de las fuerzas funcionales sobre el complejo cráneofacial, su biomecánica y el momento más adecuado para su acción. El tardío crecimiento mandibular nos permite simultanear los aparatos funcionales con los brackets y alambres, hacer coincidir las fases ortodóncica y ortopédica y reducir notablemente la duración del tratamiento.

De esta manera la SWLF gana la partida a otras técnicas, en lo que se refiere a duración del tratamiento, que basan su eficiencia en el uso de tal o cual bracket o alambre, al permitir acortar la terapia por otras dos vías más, la temprana introducción de arcos rectangulares termoelásticos y la simultánea combinación de ortopedia y ortodoncia. Para muchos clínicos este sinergismo terapéutico es un factor determinante en la selección de la SWLF frente a otras técnicas.

Un buen ejemplo es nuestra propuesta biomecánica para el tratamiento de las maloclusiones de Clase II división 1 de origen mandibular donde frecuentemente combinamos los aparatos fijos para el alineamiento, la nivelación y la corrección dentoalvelar sagital con aparatos funcionales removibles (diseñados para combinar simultáneamente con los arcos de alambre) o fijos (Liberty-Biele), para el “salto de mordida”, el desbloqueo y el estímulo mandibular.

Esta idea del sinergismo terapéutico rompe antiguos moldes e incluso tabúes en nuestra especialidad al combinar filosofías y aparatos irreconciliables solo hace unos pocos años y está relacionado con otra de las ideas centrales de nuestra técnica SWLF , el concepto de Ortodoncia Ecológica: el uso de las fuerzas naturales de los músculos y ligamentos del paciente en su tratamiento.

Es cierto que no resulta sencillo diferenciar la verdadera estimulación ósea del aparente crecimiento o la aceleración temporal de este, pero uno de los errores clínicos actuales es menospreciar el papel del crecimiento del hueso alveolar, especialmente en sentido vertical, en la ortopedia dentofacial.

En las retrusiones mandibulares, la combinación del “salto de mordida”, favorecido por los aparatos funcionales, con los elásticos intermaxilares, para la corrección dentoalveolar y la intercuspidación son elementos claves para la posterior (no previa) remodelación de la ATM como un todo, incluyendo la aposición de hueso en la cara interna de la fosa mandibular del hueso temporal.

Nuestra filosofía de la Ortodoncia Ecológica incluye dos ideas: tratamiento etiológico y ergonomía y simplicidad de aparatos y visitas.

Debemos de intentar tratar la maloclusión actuando sobre su etiología y recorriendo el camino inverso al de su patogenia. Si el origen de un resalte aumentado es la erupción adelantada y la rotación de los primeros molares superiores, el camino de la corrección será el desrotar y distalar estos molares; si la causa de la retroinclinación de los incisivos inferiores es la presión del labio inferior, preferimos utilizar un lip-bumper o un escudo labial en un aparato funcional que brackets.

En este sentido, la Ortodoncia Ecológica también hace referencia a la necesidad de utilizar las fuerzas musculares y oclusales del paciente. Por ejemplo para el tratamiento de los problemas verticales, las fuerzas oclusales, generados por los músculos elevadores de la mandíbula, pueden ser de gran utilidad. De especial interés, tiene el concepto de Ortodoncia Ecológica en los problemas dentoalveolares derivados de un desequilibrio del Corredor o Pasillo de Tomes.

En general, preferimos tratar los problemas musculares actuando sobre el lugar etiológico primario y por eso combinamos la aparatología fija con los aparatos funcionales miodinámicos. Como comenté anteriormente, unos simples escudos labiales pueden ayudar a una corrección dentoalveolar, rápida y estable.

La máxima racionalidad y simplicidad biomecánica ha de estar acompañada con la última tecnología. Los microimplantes han supuesto una auténtica revolución en nuestro campo al posibilitar movimientos impensables en la ortodoncia tradicional y abrir una nueva y esperanzadora puerta hacia la ortopedia dentoalveolar.

Las excelentes propiedades de los microimplantes como fuente de anclaje óseo temporal para el distalamiento, retrusión incisiva o control vertical han de ir acompañadas de un conjunto de brackets y arcos acordes con los nuevos requerimientos biomecánicos. La SWLF es una técnica que se adapta como un guante a a utlización de los nuevos sistemas de anclaje óseo temporal al permitir el rápido alineamiento, el deslizamiento y el control selectivo del movimiento dentario diente a diente.

La Técnica SWLF está pensada para el ortodoncista actual, que ha de trabajar en un escenario socioeconómico complejo y de alta competencia profesional. Hoy es indudable, al menos en España, la existencia de una profunda crisis en la especialidad en relación a la manera en que los ortodoncistas de mi generación entendíamos y practicábamos la ortodoncia.

No hace muchos años casi todos los ortodoncistas de práctica exclusiva teníamos una exitosa práctica gracias a un número importante de dentistas referidores y primeras visitas y nuestras clínicas sufrían poco los avatares de las sucesivas crisis de la economía nacional.

El grueso de nuestros pacientes eran los niños y adolescentes y el número de tratamientos de adultos y combinados era, relativamente, bajo. Nos sentíamos cómodos con nuestros brackets y alambres y, al menos mentalmente, rechazábamos la ortodoncia transparente y otros aparatos más sofisticados, caros y de menor efectividad.

Nuestra relación con el paciente se basaba en una mezcla de filosofía hipocrática y paternalismo y, al menos inconscientemente, tratábamos de que el paciente, incluso el adulto, se adaptara a nuestra forma de ver la ortodoncia, recomendando tratamientos largos con brackets metálicos. Éramos dueños de nuestro ejercicio profesional y de los destinos, al menos ortodóncicos, de los pacientes.

A su vez los pacientes aceptaban esta relación paternalista, asumiendo que el experto-doctor nos recomendaria el mejor de los tratamientos posibles, y estarían dispuestos a pagar nuestros honorarios porque el valor que presumían a nuestros tratamientos superaba su precio (lo que costaban) y el alto “valor de anclaje” o de referencia del tratamiento ( por utilizar conceptos de marketing) era asumida por la práctica totalidad de las primeras visitas. Nuestra tecnología se limitaba, como la de otros dentistas, a la fotografía, la radiología 2D y los nuevos alambres.

Varios hechos han contribuido a crear la tormenta perfecta en que se encuentra la práctica de la ortodoncia exclusiva en España, pero la más importante, de la que derivan el resto de las plagas, ha sido la creación incontrolada de facultades de odontología privadas, con sus correspondientes másteres y cursos de especialización en ortodoncia, que ha multiplicado exponenciamente, y año tras año, en número de odontólogos y postgraduados en ortodoncia.

El resto de factores (el imparable aumento de clínicas de odontología general , las cadenas de macroclínicas low-cost, las igualas y seguros dentales con precios irrisorios por un tratamiento de ortodoncia) y la profunda crisis económica de España han acabado con una manera de entender la profesión y la vida.

Hoy el ortodoncista tipo de mi generación, los formados en la década de los 90, se encuentra ante la disyuntiva de seguir contemplando el progresivo descenso de referidores y pacientes, hipotecando así el futuro de su clínica para la inversión en tecnología y marketing, o la posibilidad de convertirse en un ortodoncista-ambulante u ortodoncista de maletin que, con sus alicates, alambres y brackets deambule por varias clínicas haciendo la ortodoncia que puede o le dejan hacer .

Por otro lado este ortodoncista, tras años de ejercicio profesional dedicado en exclusividad a la ortodoncia, no se ve con ánimo, conocimiento ni capacidad para ampliar su cartera de servicios hacia la odontología general.


¿Qué hacer ante este panorama tan desolador? Está claro que nada va a mejorar o cambiar si esperamos que la ayuda venga de fuera en forma de cierre de universidades o postgrados o simplemente de una racionalización de los recursos de la odontología española, por otro lado nada va a cambiar si seguimos haciendo lo mismo, esperando que la lenta salida a la crisis nacional nos devuelva a gloriosas situaciones pretéritas.

Es en la tempestad cuando se conoce la verdadera pericia del capitán y es en estos momentos de fuertes vientos donde la mayoría se ponen a cubierto mientras otros fabrican molinos. Debemos de reconquistar nuestra confianza y ponerla en valor, extender nuestro campo de actuación y hacernos libres e indepedientes. ¿Por qué? Porque los ortodoncistas con experiencia, somos, con mucho, los mejores dentistas. ¿Por qué? Por que “vemos” la boca, la oclusión, el aparato estomatognático y la cara del paciente como un todo integrado y lo vemos de manera dinámica. Decía Leonardo da Vinci que lo importante era “aprender a ver, para saber ver”. Los ortodoncistas hacemos unos diagnósticos integrales excelentes.

En definitiva lo que propongo es un nuevo ejercicio no ya de la ortodoncia, sino de la odontología, basado en un nuevo concepto de Ortodoncia Emocional y un nuevo tipo de paciente, un paciente que quiere para él y su familia una odontología integral de calidad combinado con la mejor estética posible de su sonrisa y su cara. Lo primero es entender el concepto de marketing emocional, en el sentido de que muchas de nuestras ansias y esperanzas vitales, la suma de muchas pequeñas cosas que conducen a nuestra felicidad no está en la razón sino en la emoción.

Que un rostro y una sonrisa atractiva producen una emoción en los otros , y durante toda la vida, difícil de medir y menos de valorar. El cambio hacia un nuevo ortodoncista ha de empezar en nuestro interior., debemos de hacernos un auto-coaching que transforme nuestro desaliento y desánimo en una nueva manera de ver nuestra especialidad, no lloremos porque no podemos ver el sol, porque no veremos las estrellas.


¿Hago ortodoncia para “sobrevivir”, “vivir” o “realizarme”? Un grupo de obreros estaban trabajando, haciendo todos exactamente lo mismo, y a cada uno le fueron preguntando sobre lo que estaba haciendo, el primero dijo que estaba poniendo ladrillos, el segundo que estaba levantando un muro y el tercero que estaba construyendo el nuevo hospital infantil de la ciudad. Recordar que lo que hacemos con lo que nos pasa es mucho más importante que lo que de verdad nos pasa y que nuestro éxito o fracaso profesional va a estar más ligado a la “c” de actitud que a la “p” de aptitud.


Nosotros no alineamos dientes o simplemente mejoramos la oclusión, la estética y la función, nuestra principal misión no es tratar maloclusiones sino hacer más felices a nuestros pacientes, darles un atractivo en su sonrisa y en su cara que cambie en los demás, en todos y cada uno de las personas con que interactúen a lo largo de toda su vida, una mejor percepción emocional, que gracias a la amígdala, el tálamo, las neuronas del hipocampo, las neuronas espejo, y otras partes “emocionales” de nuestro sistema nervioso central, genere un fenómeno de halo por el que nuestro tratamiento confiere inconscientes propiedades “cool” (de inteligencia, status, simpatía o éxito social) a ese paciente.

Debemos de conocer, profesionalmente, como influir en nuestros pacientes, conocer sus inquietudes, sus necesidades y también los “errores de la mente” que publicistas y expertos en comunicación utilizan a diario para influir en el consumidor. Hoy una mayoría de nuestros pacientes son consumidores emocionales . Nuestro trabajo no tiene precio porque es un trabajo de magos, porque mover dientes sin dañarlos es un trabajo que parece obra de magia, es radicalmente ecológico (no cortamos, limamos, usamos o sustituimos por prótesis o implantes) y duradero en el tiempo. ¿Quién da más?


¿Y con estos mimbres no vamos a ser capaces de hacer buenos cestos? Sin renunciar a nuestra práctica limitada a la ortodoncia, debemos de expandir nuestro horizonte profesional asociandonos a otros profesionales pero con una filosofía clínica diferente, centrada en la odontología y el marketing emocional, donde el diagnóstico y el plan de tratamiento global o integral (otra cosa es técnicamente donde se coloca tal o cual implante) sea realizado por el mejor especialista de la odontología, el que tiene la visión más amplia, dinámica e integradora, el ortodoncista.

¿Por qué será que siempre el ortodoncista entiende al dentista general y pocas veces ocurre lo contrario? ¿Cómo se puede intentar rehabilitar una boca con implantes y prótesis, sin conocimientos de ortodoncia, cuando el paciente presenta una importante maloclusión de base?

Libro SWLF

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